El cobro forzado
Jesús Barroso de la Iglesia
Cuando en su día escribí el artículo sobre el cobro y sus problemas, al llegar al tema que hoy trataremos, es decir, el cobro forzado, lo pasé por alto e hice un “dribling” para dejarlo de lado, ya que el tema en cuestión me parece de una complejidad suficiente como para dedicarle algo más que una mención o una explicación corta.
El cobro forzado es el gran marginado por los aficionados al adiestramiento del perro de muestra, y digo aficionados, que no profesionales. ¿A qué se debe? ¿Por qué algo que puede resultar beneficioso no se practica? Y digo que no se practica porque cada vez son más los perros que se ven ya no sólo en el campo, sino en pruebas de caza, que no cobran correctamente, que dudan, que portan la pieza mal, se ven bocas duras...
Creo que la causa está en el miedo, tenemos miedo de estropear algo que a priori debe ser natural e instintivo en el perro, mientras éste busque la pieza, la porte y la traiga nos damos por satisfechos, ¡y quién no! Pero incluso en perros que tengan un cobro instintivo, al que le demos un aprobado alto, yo apuesto por corregir, por trabajar el cobro forzado para que tengamos la seguridad de que el perro en el cobro jamás nos fallará.
Por otro lado están las experiencias vividas, vistas o contadas de perros que no cobraban, se les hizo el cobro forzado y ahora cobran, sí, pero da pena verlos venir con la pieza en la boca y el rabo entre las patas, sentarse delante nuestro y temblar. ¿Son efectos secundarios del cobro forzado? NO, son efectos secundarios de un cobro forzado mal hecho, seguramente a destiempo, sin tener en cuenta el grado de maduración del perro ni su carácter, o simplemente se le ha presionado sin darle oportunidad a salir de esa presión. Pero eso puede ocurrir enseñando el cobro forzado y enseñando el sit.
En el cobro forzado el condicionamiento es inverso, es decir, en primer lugar recibe el castigo, el cual cesa cuando el perro hace lo que esperamos de él, y a continuación recibe el premio.
El adiestramiento se basa en coger unos instintos y moldearlos a través de una presión que nosotros ejercemos, es decir, obligamos al perro a obedecer, pero ¡ojo!, esa presión que ejercemos debe tener una puerta de salida, de lo contrario el perro se ve demasiado sometido, se bloquea, y el aprendizaje pasa de ser algo divertido a ser una tortura, los efectos los habréis visto más de una vez. Ahora la pregunta ronda vuestras cabezas: ¿cómo liberamos esa presión? A través del premio, a través de sesiones cortas con intervalos de juegos.
Pero para alguien neófito en el adiestramiento y que ahora mismo esté leyendo se preguntará porqué digo todo esto, a qué viene tanto aviso y tanta aclaración, ¿qué tiene el cobro forzado que no tenga la enseñanza de otro comando? Pues nada más que el método. Cualquier orden que el perro aprende se basa en asociaciones a través de un condicionamiento, el perro asocia porque hace algo bien y recibe un premio, o hace algo mal y recibe un castigo, es lo que llamamos refuerzos; si es premio será refuerzo positivo, y si es castigo será refuerzo negativo. En el cobro forzado el condicionamiento es inverso, es decir, en primer lugar recibe el castigo, el cual cesa cuando el perro hace lo que esperamos de él, y a continuación recibe el premio. Este tipo de condicionamientos basados en una excesiva presión, requieren por tanto algo más de tacto de lo habitual y, sobre todo, método. Hablemos del método entonces o, mejor dicho, de los métodos, porque hay varios.
MÉTODO TRADICIONAL O DEL PISOTÓN
Con el perro en posición de sentado y atraillado por la correa aplicamos un pisotón en una de sus patas traseras con la intención de que se queje, de que abra la boca en definitiva, momento en el cual damos la orden “porta” o “cobra” y le introducimos el rodillo o dummy en la boca, sujetando a continuación con nuestra mano su mandíbula inferior para que no suelte a la vez que premiamos con caricias y halagos. Lógicamente, en el mismo instante en que el rodillo es introducido en su boca el pisotón cesa, de esa manera el perro asocia el hecho de portar el rodillo con el cese del dolor.
Obviamente este método es duro para nuestro perro por lo que debemos tener muy en cuenta antes de realizarlo el carácter del perro, saber de antemano si acepta bien los castigos físicos o simplemente verbales, porque hay perros que con una simple voz más alta que otra se tumban boca arriba o meten el rabo entre las patas o incluso llegan a mearse. Evidentemente evitaremos a toda costa este método con un perro así.
MÉTODO DE COLLARES
Mucho menos traumático para el perro ya que consiste en ejercer presión con un collar estrangulador al que el perro ya está acostumbrado.
Utilizaremos dos collares, uno de cuero atraillado a un poste y otro estrangulador que nosotros manejaremos. El perro en posición de sentado y atraillado a través del collar de cuero al poste. Con el collar estrangulador ejercemos presión en el cuello del perro hasta que abra la boca, momento en el cual introducimos el rodillo y le decimos “cobra” o “porta”, acto seguido eliminamos la presión que el collar ejercía y sujetamos la mandíbula inferior con la mano para que no suelte y premiamos.
La asociación es la misma que con el anterior método: con el acto de portar cesa la presión del collar.
MÉTODO DE PRESIONAR LOS LABIOS
En mi opinión es el menos traumático, consiste en abrirle la boca al perro con nuestra mano presionando los labios superiores.
Con el perro en posición de sentado le apretamos con la mano los labios superiores de su boca hasta que consigamos abrírsela, momento en que introducimos el rodillo en su boca, sujetamos la mandíbula inferior para que no suelte y premiamos.
Aquí no hay castigo explícito, solamente la presión de nuestros dedos para abrirle la boca. Obviamente con este método, a todas luces menos traumático, nos costará más que el perro asimile o asocie la orden que con los otros métodos. A favor tiene que este método se puede emplear con perros cuyo carácter hace inviables los otros que hemos visto anteriormente.
¿Y LUEGO QUÉ?
Para no repetirme, ya que en todos los métodos se obra de igual forma, veremos ahora qué sucede después de iniciar en el cobro forzado.
Como en cualquier ejercicio de adiestramiento, ya sabéis, sesiones cortas, máximo 10 minutos y después dejamos al perro a su aire o practicamos otros ejercicios ya consolidados pero que no le crean al perro tensión alguna. Si en algún momento del cobro forzado vemos que el perro se viene abajo, paramos la sesión y lo dejamos para otro día, eso sí, buscando alguna motivación que no haga decaer al alumno. Dicho esto, y habiendo conseguido la primera fase del ejercicio –que no es otra que portar de nuestra mano el rodillo o dummy a la orden y sin necesidad de presión–, repetiremos las veces necesarias hasta que el perro, a la orden de porta o cobra, obedezca sin necesidad de pisotón, presión de collar o apertura de su boca con nuestra mano.
Bien, conseguido esto pasamos a repetir el ejercicio, pero colocando el rodillo en el suelo a escasos centímetros del perro, damos la orden de cobra o porta y, si el perro obedece, hemos conseguido nuestro objetivo. Si el perro no obedece a la orden de cobrar con el rodillo en el suelo tendremos que volver al principio, no ha acabado de asociar bien la orden, nos hemos precipitado y debemos volver al principio.
Cuando el perro tiene el rodillo en su boca he dicho reiteradas veces que le sujetamos la mandíbula inferior para que mantenga, no he mencionado nada de que nos lo entregue a la orden, pero es obvio que no lo vamos a dejar de por vida con el rodillo en su boca, ¿no? Si en ese periodo de mantener el rodillo, que al principio será corto para ir alargándolo progresivamente, el perro suelta, es decir, abre la boca y el rodillo se le cae, aplicamos un pequeño golpe con nuestra mano abierta en la mandíbula inferior, a ser posible antes de que llegue a caer el rodillo, le recriminamos verbalmente con el comando NO; si no es posible por no haber estado rápidos se lo introducimos de nuevo en la boca y repetimos.
Una vez que hemos conseguido que cobre a la orden desde la mano y desde el suelo y mantenga, le ordenamos quieto y nos alejamos unos metros para después llamarlo. ¿Para qué hacemos esto? Para que el perro se acostumbre a portar y traer y, sobre todo, esperar a que le pidamos el rodillo. Más adelante, en vez de alejarnos nosotros, lo que hacemos es alejar el rodillo unos metros y le damos la orden de cobra o porta y finalmente le lanzamos el rodillo y le ordenamos cobra o porta.
CONCLUSIONES FINALES
¿Qué hemos conseguido? Principalmente que el perro asocie una orden a una acción, la de cobrar, por lo que a partir de ahora el perro cobrará siempre a la orden, en cualquier circunstancia y en cualquier situación y, ante cualquier pieza de caza menor, no rehuirá nada, se acabaron el repelús a la pluma o al pelo, el perro cobrará sin más porque así se lo hemos enseñado.
Pero ¿se puede hacer este entrenamiento a cualquier edad? Rotundamente NO. Para enseñar el cobro forzado el perro debe tener cierto grado de madurez, todo depende de cada individuo, nada tiene que ver la raza, pero más o menos a partir del año, año y medio y salvo excepciones, cualquier perro está psicológicamente preparado para soportar este tipo de entrenamiento.
¿Enseñamos el cobro forzado sólo cuando el perro rehúse el cobro? Eso ya es cosa de cada uno, habrá gente que piense que para cazar le basta con que el perro traiga, otros prefieren que porte a la orden, traiga y mantenga hasta que le pidamos la pieza, tal vez porque en alguna ocasión el perro trae una pieza de ala que suelta antes de llegar a nosotros porque ha oído un disparo cercano o porque ha cogido ese vicio y la pieza se pierde irremisiblemente. Entonces deciden entrenar el cobro forzado para evitar esas situaciones. De modo que si un perro tiene un cobro instintivo podemos, y pienso que debemos, entrenar el cobro forzado como corrección, no como purismo –que algunos pueden pensar– o como participante en pruebas de perros de muestra donde exigen un cobro impecable. Con el cobro forzado evitaremos muchos defectos en el cobro y acentuaremos la obediencia en nuestro perro. Yo era de los que pensaba que para qué el cobro forzado habiendo cobro instintivo o natural, pues bien he cambiado de opinión, la experiencia me ha convencido, yo sólo expongo los métodos, no pretendo convenceros, dejad que vuestras experiencias os animen o desanimen a enseñar el cobro forzado pero, eso sí, recordad que el conocimiento del carácter de vuestro perro, el tacto y el método son fundamentales.
Fuente:
http://www.club-caza.com/articulos/104sensei.asp